¿Por qué no se traducen al ITALIANO todos los NOMBRES de CIUDADES EXTRANJERAS?

En italiano, algunas ciudades extranjeras son llamadas por su nombre original (New York, San Francisco, Madrid…), mientras que otras son traducidas (London –> Londra, Paris –> París, New Delhi –> Nueva Delhi) y así sucesivamente.

¿Existe una regla para saber qué nombres traducir y cuáles dejar sin cambios? No exactamente… En cualquier caso… ¡Vamos a aclararlo!

Los NOMBRES de CIUDADES EXTRANJERAS en ITALIANO

En este artículo hablaremos sobre las razones por las cuales los nombres de algunas ciudades extranjeras han permanecido sin cambios y por qué otros han sido traducidos.

Como mencionamos, no hay una regla estricta que determine cuáles se traducen (y cuáles no), sino que se basa en costumbres relacionadas con motivos históricos o prácticos.

Principales razones por las cuales los nombres de algunas ciudades han sido traducidos:

1. El latín

Antes de nada, hay que decir que el italiano, al igual que otras lenguas romances, ha sufrido claramente la influencia del latín. Como resultado, ha heredado en gran medida la etimología latina, incluso para los nombres de ciudades, que han permanecido casi inalterados en su forma final.

Por ejemplo, el nombre latino Lutetia Parisiorum (antiguo nombre de París, en la obra de César De Bello Gallico) se cambió posteriormente por «Parigi». La influencia es notable, a pesar de algunos cambios fonéticos.

Lo mismo ocurre con «Barcellona», que deriva del latín Barcinone(m).

«Londra» también era ya conocido por los latinos como Londinium, aunque, en este caso, la adaptación italiana se alejó un poco de la versión latina original, probablemente por la forma en la que se transmitió oralmente por la gente a lo largo del tiempo.

2. Historia más reciente y fascismo

¿Qué ha ocurrido más recientemente en la historia?

En general, todos los nombres de ciudades y países con los que Italia había tenido contacto a lo largo de la historia se adaptaron a las normas fonológicas y morfológicas italianas.

Esto se debe claramente a que, en el pasado, la idea de «apertura» a las lenguas extranjeras no era común, pocos las hablaban y, por lo tanto, cuando había que mencionar ciudades extranjeras (porque tenían relaciones con Italia), se traducían o adaptaban para hacerlas más comprensibles y pronunciables por los hablantes nativos.

Esta práctica se mantuvo vigente hasta el siglo XX y se reforzó especialmente durante la época fascista, de gran carácter nacionalista.

En concreto, a partir de julio de 1923, Mussolini eliminó la enseñanza bilingüe en las escuelas eslovenas y cambió la nomenclatura de los lugares en gran parte del norte de Italia, precisamente para eliminar por completo las palabras no italianas en los nombres de las ciudades, entre otras cosas. Por ejemplo, palabras como «film» (que se convirtió en «pellicola») o «sandwich» (que pasó a ser «tramezzino») corrieron la misma suerte en aquella época.

Por todo ello, tenemos situaciones como: Colonia (pero, en cambio, Dortmund) en Alemania, Nizza (pero Cannes) en Francia, Edimburgo (pero Glasgow) en Escocia.

Se puede deducir fácilmente cuál de las dos tenía más relación con Italia.

3. Falta de caracteres

En otros casos, se recurre a la traducción (o adaptación), debido a la falta de determinados caracteres originales del nombre extranjero dentro del alfabeto italiano.

Es el caso del nombre de Copenaghen, por ejemplo, una adaptación de København.

Es evidente que la razón, en este caso, es la falta de determinadas letras del alfabeto danés en italiano. Por ello, se adaptó la forma danesa a las exigencias italianas, sin alejarse demasiado de la forma original.

4. El inglés

Los topónimos angloamericanos se mantienen, por lo general, en su forma original.

¿Por qué?

Por varias razones: por un lado, se debe a que muchos de ellos son bastante recientes y, por otro, debido a la creciente difusión del inglés en Italia.

Es el caso de ciudades como Sydney, Washington, Chicago, Cambridge y la inmensa mayoría de las ciudades de los países anglófonos.

Y ¿New York? ¿Se llama «Nuova York»? Esta forma estuvo bastante extendida en el siglo pasado, pero ahora está definitivamente en desuso.

Entre los topónimos estadounidenses, es interesante el caso de Philadelphia, de la que encontramos una versión italianizada: Filadelfia, debido a sus raíces griegas. Esta forma sigue resistiendo, aunque la creciente difusión del inglés y el frecuente uso de la palabra en películas, canciones y productos comerciales hacen que la forma más utilizada sea ahora la anglosajona.

5. El sufijo -burgo

Muchos topónimos del norte de Europa, en sus adaptaciones italianas, terminan en -burgo: San Pietroburgo, Edimburgo, Brandeburgo, Friburgo… 

El sufijo, derivado de la misma palabra latina que produjo el término borgo en italiano, existe en muchas lenguas, como el inglés (-borough), el francés (-bourg) y el alemán (-burg).

En resumen, la versión italiana solo se utilizaba para estos nombres que ya contenían el sufijo.

Si este artículo os ha parecido interesante, ¡solo tenéis que adentraros en la geografía de Italia!

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