9 Errores Que Debes Evitar Cuando Cocinas Comida Italiana (Clases De Cocina Italiana)

En esta clase os vamos a hablar de un tema que los italianos se toman muy pero que muy en serio. Ya se sabe que la comida es parte de nuestra cultura, y precisamente porque estamos en la «patria de la buena comida» estamos muy ligados a nuestras tradiciones culinarias que, sin embargo, no todo el mundo respeta. En esta clase os hablaremos de 10 errores inaceptables que muchos extranjeros (pero no solamente) cometen cuando quieren cocinar alguna comida italiana.

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Cómo no cocinar comida italiana

Seguramente a vosotros también os habrá pasado que os habéis dado cuenta de que, en el extranjero, normalmente y con mucho gusto  se intentan reproducir platos italianos típicos con resultados más bien poco satisfactorios. Algunos restaurantes que se hacen pasar por italianos sirven comida que un verdadero italiano no se comería ni bajo tortura.

Pero el verdadero problema es que muchos extranjeros prueban a cocinar comida italiana en su propia casa y, si no saben las recetas italianas, tienen que seguir las recetas de sus países de origen, arriesgándose a que se pierda la autenticidad del plato. Así que he reagrupado los errores más terribles que se pueden cometer cuando alguien quiere cocinar platos italianos, en base a los que yo misma he visto o a partir de los que he oído hablar.

 

LA PASTA NO SE TOCA

Los 5 primeros terribles errores tienen que ver con el cocinado de la pasta.

  1. El tiempo es dinero. Creo que es importante subrayar que el tiempo de cocción indicado para la elaboración de la pasta tiene una razón de existir muy válida: la pasta tarda exactamente ese tiempo para cocerse a la perfección. ¡Y con el tiempo de cocción indicado me refiero al tiempo en el que la pasta está dentro del agua hirviendo! ¡Esto significa que la pasta se tiene que echar al agua cuando esta hierva, y no antes! Pequeño bonus: la sal para el agua de la pasta (que SIEMPRE se pone, aunque sea poco) tiene que ser sal gruesa, y se añade cuando el agua empieza a hervir, antes de echar la pasta.
  2. El ladrillo. ¡Un terrible error es escurrir la pasta cuando está cocida y volverla a poner en la cacerola sin añadir el aliño y ni siquiera un poco de aceite! La pasta cocida suelta mucho almidón, por eso si no añadimos algún tipo de aliño o salsa pronto encontraremos un trozo de pasta pegada, puede que incluso blanda. La pasta SIEMPRE condimentada. Si ya habéis calentado la salsa, perfecto: echad directamente la pasta y mezcladla bien antes de servirla. También la podéis comer «in bianco», es decir, solo con un poco de aceite de oliva, o con mantequilla. ¡Y no os olvidéis del parmesano rallado!
  3. El aceite en el agua. Muchas personas intentan obviar el problema de los pedazos de pasta pegada poniendo aceite dentro del agua a hervir. Eso… ¡NO SE HACE! No hay ningún motivo para hacerlo, precisamente porque cuando escurramos la pasta la mezclaremos con su salsa, y no se formará ningún trozo de pasta pegada.
  4. El aliño o salsa. Además, es muy necesario especificar que la pasta no se puede condimentar con la primera cosa que tengáis a mano. Por ejemplo, no la podéis acompañar… con salsa de arándanos. También en este caso hay normas. Y son normas a las que nosotros damos mucha importancia, muchísima, casi más que a nuestra vida. La pasta, con ketchup, no. Y tampoco con mayonesa. La pasta se acompaña con una salsa, que puede ser salsa de tomate, de pesto, salsa de queso o verduras, etc. Y, por favor: la pasta se echa EN SEGUIDA junto con la salsa, y si sobra algo, se guarda en la nevera junto con la salsa, nunca separadas.
  5. El enésimo desprecio a nuestra cultura culinaria os lo escribo aquí, resaltado, en grande, para que no lo olvidéis.
    La nata, en la carbonara, NO.
    Y no, no me interesa si la hace más cremosa o más lo que sea. Si la queréis llamar carbonara, olvidaos de la nata. El secreto de una carbonara cremosa es la justa proporción entre las yemas, la cocción y el queso pecorino rayado.

LAS COSAS SE HACEN CORRECTAMENTE

  1. El quinto error que respecta a las combinaciones: en Italia la tradición dice que la comida, por norma, se compone por un primer plato, un segundo plato y una guarnición. Antipasto o entrante (antes) y el dulce (después) solo en las ocasiones especiales. O cuando de verdad tenemos mucha hambre. Pero la cuestión es que los diversos platos NUNCA se mezclan entre ellos, por ningún motivo del mundo, a no ser que se trate de un plato único (por ejemplo, el arroz con pollo al curry, o el cous-cous con sus acompañamientos, pero no son platos italianos). Las recetas tradicionales italianas (como la pasta con tomate, el risotto, la pasta con pesto, los gnocchi con queso, las lasañas, la pasta al horno, etc) siempre se comen como primer plato y después pueden tener un segundo plato que se comerá después. Esto quiere decir que si cocináis, por ejemplo, el risotto como primer plato, y después pollo con pimientos de segundo, está absolutamente PROHIBIDO poner el pollo y los pimientos en el plato junto con el arroz. Para nosotros también es una cuestión de respeto hacia cada plato por separado: poniéndolo todo en un mismo plato se pueden confundir los sabores y al final no se le hace justicia a ninguna comida.

RAREZAS DEL MUNDO

  1. El pan al ajo. Si alguna vez os ha pasado de ir a algún restaurante italiano en el extranjero, especialmente en Holanda, Bélgica o Alemania, o también, al otro lado del océano, en los Estados Unidos, seguramente habréis notado que, antes de traeros la comida que habéis pedido, muy a menudo los camareros os traen «pan al ajo». Ni durante. Ni después. El pan al ajo es una invención americana que con la cocina italiana tiene poco que ver. ¡El pan al ajo está muy bueno, nadie dice lo contrario, pero sin duda no es una comida típica italiana!

UN GOLPE AL CORAZÓN

  1. Otro terrible error tiene que ver con nuestra queridísima pizza: se trata de la comida que nos representa quizás más que otra, junto con la pasta, y es por eso que nos importa tanto que la receta de la pizza se trate con respeto. La pizza se cocina con salsa de tomate, mozzarella y otros ingredientes, pero las más tradicionales son la pizza margherita (que normalmente se sirve con alguna hoja de albahaca fresca), la prosciutto e funghi (jamón york con champiñones), la 4 formaggi (4 quesos), la 4 stagioni (4 estaciones), la capricciosa (la caprichosa), la tonno e cipolla (atún y cebolla), l’ortolana (con verduras a la plancha) y la diavola (con salchicha picante). Bueno, la pizza congelada que encontráis en el extranjero en todos los supermercados no es exactamente el mejor ejemplo de pizza italiana. Digamos que llamarla “pizza” es una gran ofensa a todos los italianos enorme. Sobre todo cuando en la pizza, fuera de Italia, se pone pasta o la piña. Que después me digo «bueno, ¿pero quién va a comprar una pizza con pasta o piña por encima?», pero muy a mi pesar me contesto que si los supermercados la venden, entonces debe de ser porque alguien la compra. Os lo ruego, no seáis de esas personas. Os lo pido con el corazón en la mano.

LA TRADICIÓN SE RESPETA

  1. Por último, no podemos no mencionar el café. Un famoso “error” que muchos extranjeros cometen es rebajar completamente el café. Hoy en día, por desgracia o por fortuna, esto se ha difundido de tal manera que ha tomado un nombre específico: café americano. En este caso, admito que se trata de gustos, y que el café espresso para muchos paladares tiene un sabor demasiado fuerte al que uno se tiene que acostumbrar para poderlo valorar. De cualquier modo, lo importante es llamar a las cosas con su propio nombre: ¡si queréis beber un americano nadie os lo prohíbe, pero no lo podéis vender como un espresso!

Ah, hablando de café, mi chico y yo hemos hecho un maravilloso vídeo en el que os enseñamos todos los tipos de café que se pueden beber en Italia: espresso, cappuccino, marocchino, espressioni, caffellatte, etc… ¡os aconsejo que lo miréis! Es muy divertido porque hemos ido a algunos bares de Roma para grabar, así que también tendréis forma de respirar un poco la atmósfera que se respira en Roma en estos tiempos.

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